Mostrando entradas con la etiqueta La Gracia de Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Gracia de Dios. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de abril de 2015

La Gracia Es Condicional

Introducción:
A. Se ofrece al hombre a través del evan­gelio. Si entendemos esto, no habrá confusión. Si entendemos lo que es el evange­lio, sabemos que la gracia es condicional.
B. Muchos tienen un "velo sobre el corazón". Pablo habla en 2 Cor. 3:15 de los judíos que leían las Escrituras con un velo sobre el corazón. Así hacen los evangéli­cos con respecto a la gracia, debido a su creencia en "el pecado original", o en "la naturaleza corrupta" del hombre. Toda doctrina falsa ciega.
C. En este estudio veremos lo que el hombre puede hacer y hace con respecto a la gracia de Dios, para ver que la gracia sí es condicional.
I. El Hombre Puede Recibir La Gracia.
A. Perseverar. Hech. 13:43, "les per­suadían a que perseverasen en la gracia de Dios". En Antioquía de Pisidia "muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé". A estos les exhortaban a que perseverasen en la gra­cia. Si ellos podían perseverar, también podían desistir de hacerlo.
B. Crecer. 2 Ped. 3:18, "creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo". Si podemos y debemos crecer en la gracia, esto indica que podemos dejar de hacerlo. La gracia no depende enteramente de Dios.
II. El Hombre Puede Rechazar La Gracia.
A. No recibirla en vano. 2 Cor. 6:1, "os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios". ¿Cómo es posible recibirla en vano? Léanse Sara. 1:22; 2:17, 20; Mat. 13:20, 21. La gracia debe "obrar" en nosotros, llevar fruto, darnos fuerza para resistir pruebas y tentaciones. De otra manera está "en vano".
B. Dejar de alcanzar. Heb. 12:15, "Mirad bien, no sea que alguno deje de al­canzar la gracia de Dios" (o "quede pri­vado de la gracia"). Los fieles siguen ade­lante en la gracia, pero algunos hebreos se desanimaron; fueron dejados atrás y des-provistos de la gracia.
C. Desechar la gracia. Gál. 2:21, "No desecho la gracia de Dios" ("no hago nula la gracia" - BAS). Pablo explica: "porque si la justicia viene por medio de la ley, en­tonces Cristo murió en vano" o innece­sariamente. Los que aceptaron a Cristo pero siguieron predicando la justicia por la ley de Moisés, desechaban o hacían nula la gracia de Dios. Lo mismo sucede hoy en día; si alguno predica el evangelio mezclado con tradiciones humanas, hace nula la gracia.
D. Caer de la gracia. Gál. 5:4, "De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído". En palabras sencillas este texto destruye la doctrina de que el hombre no puede caer de la gracia. Pero es fácil entender el por qué: los que buscaban justificarse por la ley de Moisés buscaban la justicia sin Cristo, sin Salvador. La ley de Moisés no tenía salvador, sino solamente sacrificios típicos, que apuntaban hacia Cristo.
E. Hacer afrenta al Espíritu de gracia. Heb. 10:29, "¿Cuánto mayor castigo pen­sáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?" Al­gunos hermanos hebreos hicieron esto según Heb. 6:4-6 ("recayeron ... crucifi­cando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios, y exponiéndole a vituperio"). El hombre puede insultar al Espíritu de gra­cia, tratarlo con desprecio, con odio, aunque por medio de El haya recibido los beneficios de la gracia.
III. Los Favores Y Las Bendiciones De Dios Siempre Son Condicionales.
A. Gén. 6:8, "Noé halló gracia". ¿Por qué? ver. 22, "hizo conforme a todo lo que Dios le mandó". Josué 6:2, "Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó"; pero tu-vieron que rodear la ciudad trece veces, tocar el cuerno y gritar. 2 Rey. 5, Naamán tuvo que zambullirse siete veces en el Río Jordán. Jn. 9, el ciego tuvo que lavarse en el estanque de Siloé. Mar. 16:16, el pecado tiene que ser bautizado para ser salvo.


B. Dios nos da aire, pero tenemos que respirar. Nos da comida (Ecles.. 3:13), pero tenemos que trabajar (2 Tes. 3:10). Nos da agua pero tenemos que beber. Dios sana, pero tenemos que hacer nues­tra parte (la ciencia médica es una bendi­ción de Dios).

La Gracia de Dios

La palabra "gracia" significa favor. Dice Génesis 39:20, 21, "El amo tomó a José, y lo encarceló con los presos del rey. Y José quedó en la cárcel. Pero el Señor estuvo con José, le extendió su bondad y le dio gracia en ojos del jefe de la cárcel". Dice Lucas 1:30, "Entonces el ángel le dijo: ¡No temas, María! Porque has hallado gracia ante Dios. Ahora concebirás en tu seno, darás a luz un hijo, y lo llamarás Jesús".
¿Cuál es el favor más grande que el hombre necesita de Dios? El perdón de pecados. Aprendemos en Génesis 1:26 que el hombre fue creado a la imagen de Dios ("Hagamos al hombre a nuestra imagen"), pero todos los hombres han pecado y la consecuencia del pecado es que se ha manchado la imagen de Dios en nosotros. Por su grande amor Dios quiere limpiarnos del pecado y restaurar esa imagen o semejanza divina. Todo lo que Dios ha hecho y está haciendo para llevar a cabo ese propósito se llama gracia.
El evangelio de Cristo es llamado "el evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24), o "la palabra de su gracia" (Hechos 20:32), porque el evangelio explica la gracia de Dios, es decir, cómo su gracia nos salva. La gracia de Dios revela y enseña la voluntad de Dios (Tito 2:11, 12, "la gracia de Dios, que nos trae salvación, se manifestó a todos los hombres, y nos enseña...").
El hombre no puede salvarse por sus propias buenas obras que haya hecho aparte de Cristo y el evangelio. Dice el apóstol Pablo, "Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo" (Tito 3:4, 5). Muchas personas hacen buenas obras, ayudando al prójimo, a los pobres, a las viudas y huérfanos y a muchos otros necesitados, y esto es muy noble. Muchas personas han de ser alabadas por ser tan serviciales. Sin embargo, todas estas obras de justicia que nosotros hayamos hecho no nos pueden salvar, porque todos los hombres han pecado y tienen que obedecer al evangelio de Cristo para obtener el perdón de pecados.
Por ejemplo, Hechos 10:1, 2, 22, dice que "Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio... piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre... varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos". ¿Era cristiano este hombre? No. ¿Había recibido la salvación? No. Era muy buen hombre, hacía muchas limosnas y otras buenas obras, pero tuvo que creer en Cristo y ser bautizado para perdón de pecados (Hechos 10:48; 2:38).
Este buen hombre fue salvo por gracia, y no por sus buenas obras, como dice Pablo (Efesios 2:8, 9), "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe". Ser salvos por gracia por medio de la fe quiere decir ser salvo por medio del evangelio.
Para entender la gracia de Dios es necesario recordar estas dos palabras: proveer y aceptar. Dios provee la salvación y el hombre la acepta. El hombre, siendo pecador, no podía proveer la salvación. No podía salvarse solo. Necesitaba de un Salvador. Pero Dios ha hecho posible la salvación y el hombre tiene que poner su parte, aceptando la salvación que Dios le ofrece. De otro modo, la gracia no le ayuda y al morir, va al castigo eterno, como si Cristo no hubiera venido al mundo.