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viernes, 14 de marzo de 2014

El Cojo a La Puerta Del Templo


Escrituras: :  Hechos 3:1-10

Propósito:  1.  Mostrar que una de las necesidades más grandes de las gentes es el de obedecer y continuar siendo fieles a Jesucristo.  2.  Mostrar que lo más importantes no es el tener dinero para ayudar a otros, sino el saber como enseñarles acerca de Jesús.

Hechos Bíblicos:

Después de que Pedro había predicado su primer discurso o sermón en el día de Pentecostés, los apóstoles y discípulos se encontraban muy ocupados.  Había mucho que hacer.  Mucha gente aun necesitaba oír las enseñanzas acerca de Jesús y muchos otros querían ser bautizados y añadidos a la iglesia del Señor.  Los apóstoles realizaron muchos milagros para convencer a la gente que lo que ellos enseñaban era parte de Dios.  Todos los cristianos eran muy dadivosos, y mostraban su generosidad de muchas maneras.  Vendieron sus posesiones y dieron el dinero y alimento a aquéllos que lo necesitaban (Hch. 2:45).

Hechos 4:36-37 nos dice que Bernabé tenía una propiedad la cual vendió, luego con el dinero que recibió fué a los apóstoles y se los dió para que lo utilizaran.  Así pues vemos que los apóstoles tuvieron la oportunidad de hacerse ricos pero no se hicieron.

Un día Pedro y Juan subían hacia el templo a la hora de la oración cuando vieron a un hombre cojo como limosnero a la puerta del templo.  Pedro le dijo:  “...Míranos” (Hch. 3:4).  El cojo les miró, creyendo que recibiría algo de ellos.  Pero Pedro, como no tenía dinero, le dijo:  “...No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hch. 3:6).

Pedro nos enseña una lección.  Pues él solamente seguía el ejemplo que había aprendido de Jesús.  O sea que aun cuando Jesús tenía compasión por las miserias físicas.  La razón por la que sanaba a las gentes era para poder enseñarles que él era el Hijo de Dios, el Salvador (Jn. 20:30-31).

Así nosotros debemos tener dos razones al ayudar a la gente.  La primera y más importante, es para poder enseñarles acerca de Jesús.  La segunda porque, siendo gente de Dios, tenemos el deseo de ayudar.  (Jn. 20:30-31; Gá. 6:7-10; Stg. 1:27).

Aplicación:

Aun cuando los apóstoles no tenían mucho dinero, podían hacer muchas cosas para ayudar a otros.  Dios les había dado el poder especial de sanar a los enfermos, curar a los lisiados, y resucitar a los muertos.  En la lección de hoy Pedro sanó al cojo.

En la actualidad no tenemos ningún poder especial, ni tampoco mucho dinero, sin embargo hay muchas cosas que podemos hacer para ayudar a otros.  Y la más importante de todas es enseñar a nuestros semejantes a amar y a obedecer a Jesucristo.

Ilustración:

Un día Gilberto caminaba por una de las calles de las afueras del pueblo, cuando se encontró con un hombre que llevaba una carreta llena de jarros y vasijas de barro a vender al mercado.  El hombre se había detenido porque una de las ruedas de su carreta se había atorado en un hoyo del camino.  La carreta estaba muy pesada y no la podía el mover solo y por tanto no la podía sacar del hoyo.  Gilberto, recordando una de sus lecciones de la Biblia, se detuvo a ayudarle, y pronto pudieron sacar la rueda y poner la carreta lista para seguir su camino.

Y mientras caminaban a la orilla del camino, Gilberto le habló al hombre acerca de Jesús.

Moral de la lección:

Hagamos a otros tal y como queramos que ellos nos hagan a nosotros.

Versículo para memorizar:

“...No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.”
--Hechos 3:6


Preguntas:


1. ¿A dónde iban Juan y Pedro cuando vieron al cojo?  Hch. 3:1

2. ¿Por cuánto tiempo había estado cojo el limosnero?  Hch. 3:2

3. ¿Por qué llevaban el cojo a la puerta del templo?  Hch. 3:2-3

4. ¿Qué era lo que esperaba el cojo que Pedro y Juan le dieran?  Hch. 3:5-6

5. ¿Qué le dieron?  Hch. 3:6

6. ¿A quién le otorgó Pedro el crédito por haber sanado al cojo?  Hch. 3:6

7. ¿Cómo mostró el cojo su gratitud después de haber sido sanado?  Hch. 3:8

¿Cómo respondió toda la gente cuando vieron lo que le había sucedido al hombre cojo?  Hch. 3:10-11





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miércoles, 15 de enero de 2014

El padre que perdona



Escrituras: Lucas 15:11-32

Propósito: Mostrar lo que el amor de un padre debe ser, y la responsabilidad de la familia para perdonar.

Hechos Bíblicos:

La historia de nuestra lección de hoy es muy interesante y pudo realmente haber sucedido.  Jesús se las platicó a sus discípulos para mostrarles como los miembros de una familia deben tratarse entre sí.

Un hombre tenía dos hijos.  El hijo menor vino a su padre y le dijo:  “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde.”  El padre repartió sus bienes entre sus dos hijos.  Algunos días después el hijo menor decidió partir con todas sus posesiones y dejar a su padre y su hogar (Vea Lc. 15:11-13).  Se fué a lugares muy lejanos, donde malgastó todo lo que poseía viviendo una vida muy depravada.

Cuando todo el dinero se le hubo terminado, una gran hambre acaeció en los lugares donde se encontraba, y empezó a faltarle el sustento.  Comenzó a buscar algo en que trabajar.  Pronto uno de los ciudadanos lo mandó a su hacienda para que apacentase cerdos (Vea Lc. 15:14-16).  Pero tenía tanta hambre que hasta hubiera deseado comerse lo que él mismo les daba a los puercos, pero nadie le daba nada de comer.  (Dibujo #1)

Recapacitando, se dijo a sí mismo:  “...¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aqui perezco de hambre!  Me levantaré e iré a mi padre, y le diré:  Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.  Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.” (Lc. 15:17-19).

Así es como decidió ponerse en camino de regreso a su hogar.  Pero mientras aún se encontraba a cierta distancia de su casa, su padre le vió que venía.  Corrió a encontrarle en el camino y arrojando sus brazos al cuello le besó.  El joven trató de decirle a su padre acerca de los pecados que había cometido, pero el padre parecía no poner atención alguna.  Llamó a sue sirvientes y les dijo:  “...Saced el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.  Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado...”  Por tanto tuvieron una gran celebración. (Lc. 15:22-24)

Mientras tanto, el hijo mayor regresaba a la casa del campo donde había estado trabajando todo el día, y oyó la música y las danzas.  Le preguntó a un sirviente, ¿qué era lo que estaba sucediendo?  El sirviente respondió:  “...Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar al becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano” (Lc. 15:25-27).  Entonces el hijo mayor, al oir esto, se enojó mucho y rehusó entrar a la casa.  El padre salió a rogarle para que entrara, pero el hijo, respondiendo, le dijo:  “...He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.  Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo”.  (Lc. 15:29-30)

Entonces el padre le dijo:  “...Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.  Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”. (Lc. 15:31-32)

No podía existir felicidad en esta familia hasta que el hermano mayor aprendiera a otorgar el perdón a su hermano.

Lo triste de esta historia es que no sabemos si lo otorgó.

Aplicación

Cuán hermoso el ver que el padre de nuestra historia haya perdonado a su hijo y le haya dado la bienvenida, después de su arrepentimiento y regreso a su hogar.  Del mismo modo Dios nos otorga perdón después de que nos arrepentimos de nuestros pecados y retornamos a nuestro padre celestial.

Ilustración

Ricardo tenía la tarea y la responsabilidad de cuidar del rebaño de su padre.  Un día en lugar de vigilar el rebaño, se fue a jugar con un amigo, Juan.  Juan le comenzó a platicar a Ricardo todo lo novedoso de la ciudad, y como Ricardo podía conseguirse un trabajo que le pagaría mucho dinero.  Ricardo, que ya se había cansado de cuidar el rebaño, sucumbió a la tentación del dinero, y partió para la ciudad.  Una vez ahí comenzó a buscar trabajo pero no tuvo éxito.  Muy pronto empezó a dar cuenta que la situación en su casa no era tan mala.  Así que decidió regresar a su hogar.  Le pidió perdón a su padre y le dijo cuánto sentía el haberlo preocupado tanto.  Su padre estaba tan contento de verlo sano y salvo, que le perdonó de inmediato y le dio la bienvenida a la familia otra vez.
  
Verso para memorizar

“Y levantándose, vino a su padre.  Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”
--Lucas 15:20

Preguntas:

1.     ¿Cuál fue la petición del hijo menor?  Lc. 15:12

2.     (a)  ¿A dónde fué el hijo?
     (b)  ¿Qué hizo en esos lugares lejanos?  Lc. 15:13

3.     Cuando el hambre vino, ¿qué clase de trabajo hizo?  Lc. 15:15


4.     ¿Qué le hizo decidir regresar a su casa?  Lc. 15:17


5.     Nombre cinco cosas que el padre le pidió a los sirvientes que hicieran para su hijo cuando hubo regresado.  Lc. 15:22-23

6.     ¿Cual fue la actitud del hijo mayor?  Lc. 15:28

7.     Lea Mateo 18:21, 22 y Lucas 17:4, y diga si cree usted que el hijo mayor actuó correctamente.

8.     Si nos arrepentimos de nuestros pecados, Dios nos perdonará, así como el padre de esta lección perdonó a su hijo.  Hechos 8:22
Falso     o     Verdadero

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El cariño que debe existir entre los niños en una familia


     Escrituras: Ex. 1:7-2:10; 4:10-16 y 27-31; Ef. 6:1-4; 1 Ts. 4:6-10




Propósito: Mostrar que los niños de una familia deben quererse los unos a los otros, y ayudarse durante sus vidas, pues esto es lo que Dios quiere que hagamos.
1


Hechos Bíblicos:

         En las dos últimas lecciones hemos aprendido muchas cosas acerca de la familia. Hemos visto que Dios quiere que los esposos y las esposas se amen y honren respectivamente. También quiere que los padres honren a sus hijos. Y que los hijos honren y obedezcan a sus padres.  En esta lección de hoy aprenderemos como los niños de una familia deben amarse y honrarse los unos a los otros para agradar a Dios.

         Durante el tiempo que los israelitas eran esclavos en Egipto, el Faraón ordenó que todos los varoncitos recién nacidos fueran asesinados (Ex. 1:16 y 22).  Fue durante esta época que Moisés nació.  Su madre, temerosa de perderlo, lo escondió por tres meses, después de los cuales cuando ya no pudo esconderlo más, lo colocó en una especie de canasto arreglado para que flotara en el agua, y lo escondió en un carrizal a la orilla del río.  María, la hermana del niñito Moisés, se mantuvo a cierta distancia para ver que le sucedería (Ex. 2:1-4).

         A los pocos instantes, la hija del faraón descendió para bañarse.  Al ver el canasto, mandó una de sus sirvientas para que la recogiese y se lo trajera.  Al abrirla pudieron ver al niño que estaba llorando lo cual hizo que la hija del faraón se conmoviera (Ex. 2:5-6).  María, la hermana del niño que había observado todo esto desde su escondite, se acercó le dijo:  “...¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño?”  La hija del faraón accedió y María pudo traer a su propia madre y madre del niño para que cuidara de Moisés (Ex. 2:7-8).  Se imaginan ustedes la felicidad de María al ver que ella había podido proteger a su hermanito en esta forma.

         Moisés creció en el palacio como el hijo de la hija del faraón.  Ya como adulto, huye de Egipto y se va a vivir a la tierra de Madián.  Después, Dios lo escoge para que libre a su gente, el pueblo de Israel, de la esclavitud en Egipto (Ex. 3:10).  Moisés temía que no pudiera efectuar la tarea para la cual Dios lo había escogido (Ex. 3:11, 4:1 y 10).  Entonces Dios envió a Aarón, el hermano de Moisés, para que le ayudara ante el faraón (Ex. 4:14-16).  Este fue uno de los períodos más importante en la vida de Moisés, y tanto él como su hermano trabajaron juntos para librar al pueblo de Dios de la esclavitud en que vivían.

         A Dios le agrada ver cuando los hermanos y hermanas en una familia se ayudan y quieren los unos a los otros.  Cuando los niños en la familia de los hombres honran y obedecen a sus padres en todo, resulta que estos mismos niños se honrarán entre sí.

Aplicación

         Así como los niños en las familias de los hombres se honran y aman entre sí también.  En 1 P. 1:22, se nos dice que nos amemos los unos a los otros con corazón puro y entrañablemente.  Dios nos dice que si decimos que le amamos, pero al mismo tiempo aborrecemos a nuestros hermanos, entonces somos mentirosos. (Véase 1 Jn. 4:20).  También en 1 Jn. 4:11 se nos dice que así como Dios nos ha amado, así también debemos amarnos los unos a los otros.  En 1 Ts. 4:6-10 Pablo nos insiste que mostremos nuestro amor hacía nuestros hermanos y hermanas en Cristo, porque si nos odiamos los unos a los otros, entonces desechamos a Dios.

Ilustración

         Escoja el final de la historia que le agradaría más a Dios.---La familia Ochoa era una familia muy grande, lo cual significaba que todos tenían que contribuir en hacer las tareas del hogar.  Esa noche era el turno de Juan y Anita para lavar los trastes. Pero Juan tenía muchos deseos de irse a jugar béisbol.

         Final #1  Mientras su mamá y papá estaban ocupados con los otros niños, Juan se salió por la puerta de atrás y se fue al campo de béisbol, dejando a Anita a que hiciera todo el trabajo sola.

         Final #2  Juan dijo:  “Anita, ¿por qué nos apuramos y así los dos nos podemos ir a jugar?”

Versículo para memorizar:
“Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería.”
--Exodo 2:4

Preguntas:

1. ¿Por qué fue necesario esconder al pequeño Moisés?  Ex. 1:16, 22


2. ¿Quién lo vigilaba mientras flotaba en el río?  Ex. 2:4


3. Cuando Dios escogió a Moisés para librar al pueblo de Israel del yugo de Egipto, Moisés temía que no podría llevar a cabo la tarea.  Ex. 3:11; 4:1, 10
Falso     o     Verdadero



4. ¿A quién envió Dios para ayudar a Moisés ante el faraón?  Ex. 4:14-16


5. Moisés, su hermano Aarón y su hermana María se ayudaron los unos a los otros.  Nombre una familia donde los hijos no se ayudaron entre sí.  Gn. 4:8

6. Lea Ef. 4:32, luego explique por qué cree usted Caín no agradó a Dios.


7. Diga dos formas en que hermanos y hermanas en Cristo pueden ayudarse los unos a los otros.  Gá. 6:1; Ro. 15:1


8. ¿Qué mandamiento de Dios Juan desobedeció cuando dejó a Anita con toda la tarea de los trastes?


9. ¿Cómo se nos dice que debemos ayudar los unos a los otros en la familia de Dios?  Gá. 6:9-10


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miércoles, 18 de diciembre de 2013

¿Por qué no podemos vivir sin las bendiciones espirituales?
Escrituras:  Sal. 1:3; Ef. 1:3; Ro. 8:24-25; Stg. 2:26; Ap. 20:13;
Ro. 6:23; He. 5:9; Gá. 4:6; 2 Co. 5:19; Sal. 4:7.




Propósito: Mostrar que las bendiciones espirituales nos ayudan en nuestra vida terrenal y a prepararnos para vivir con Dios en los cielos por toda la eternidad.

Hechos Bíblicos:

El cristiano es como la persona de la que se habla en Salmos 1:3.  Una persona satisfecha y estable, y muy formal como el árbol plantado junto a las corrientes de agua.  Ustedes se preguntarán, ¿por qué es esto así?  Estudiemos la cuestión.

Todos nosotros, en ocasiones, hemos sentido temor a la muerte.  Pero el cristiano sabe que una vez en los cielos no habrá muerte ni el temor hacia ella.  Vivirá en los hermosos jardines de Dios por siempre.  Las bendiciones espirituales que recibimos (o sea las bendiciones que no vemos, pero que sentimos en nuestra mente y en nuestro corazón), Dios nos la ha dado para hacer de nuestra vida una vida feliz y con ciertas satisfacciones que nos ayuden a sobrellevar las cargas con las que nos enfrentamos frecuentemente, hasta la hora en que nuestra vida eterna con Dios se inicie en los cielos.  Las bendiciones de Dios no siempre nos hacen prósperos en riquezas terrenales sino que nos harán ricos espiritualmente y esto es lo que realmente vale.  El gran hombre de Dios, el rey David, sabia esto cuando escribió en Salmos 4:7 que Dios le había dado alegría en su corazón, mucho más de la que le había dado durante la época en que abundaba el grano y el mosto.

Cristo todavía no había venido a la tierra a morir por los pecados de toda la humanidad cuando David escribió esos pensamientos.  Pero ahora que El ha venido, podemos sentir consuelo en lo que el apóstol Pablo escribió a los cristianos en Efeso en el libro de los Efesios 1:3:  “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.”  Ahora que Cristo ha hecho posible que nuestro pecados sean perdonados, también ha hecho posible que tengamos esperanza en nuestra partida hacia los cielos cuando la hora de nuestra muerte llegue.  Y con esto llegamos a la otra cuestión, la de la esperanza.

¿Cómo es la esperanza que el cristiano posee que ninguna otra persona puede verdaderamente tener?  Es la esperanza y la certeza por medio de la fe de que podemos ir a los cielos.  Lea Romanos 8:24-25; Tit. 1:2; Tit. 3:7; y Ro. 5:1-5.  Todas estas escrituras nos ayudan a comprender como la esperanza puede ser una bendición maravillosa.

Ilustración:

Platiquemos un poco más acerca de lo que la esperanza es.  La mayoría de nosotros ha experimentado lo que se siente cuando ansiamos algo que creemos nos dará gran placer, quizá un viaje, o la ida a las corridas de toros o a algún juego de pelota, etc.  Cuando algo como eso se ansía, los días parecen ser más felices, más llenos de satisfacciones, nuestro trabajo se hace más fácil, y los problemas más ligeros.  La esperanza que el cristiano experimenta es en cierto modo como esa sensación de la que acabamos de hablar, con la diferencia de que nuestra vida en los cielos será eterna, mientras que el juego de pelota, o la corrida de toros tienen su fin.  En la vida de Pablo vemos uno de los ejemplos de lo que la esperanza puede causar.  Pudo sobrellevar todos los sufrimientos y penalidades porque tenía esperanza.  Finalmente, la historia nos dice que el emperador ordenó su muerte solamente porque Pablo era un buen cristiano.  En el libro de los 2 Corintios 11:24-31 leemos la clase de sufrimientos que tuvo que pasar:  los azotes, las apedreadas, los encarcelamientos y toda clase de aflicciones.  Sin embargo, a través de todo eso, no perdió la esperanza, porque en 2 Ti. 4:6-18 vemos como él ansía su llegada a los cielos y continúa alabando a Dios por haber sido misericordioso con él.  Lea las escrituras acerca de Pablo cuidadosamente y trate de ver si puede entender el por qué la esperanza es una de las más grandes bendiciones espirituales.  No podríamos vivir la vida cristiana sin la esperanza.

Hay otras bendiciones espirituales de las cuales también podemos gozar.  Incluyen:  la redención (el perdón de los pecados) Ef. 1:7; la reconciliación (el consuelo de que Dios ha hecho a todos los hombres aceptables a sus ojos, porque Cristo murió por nuestros pecados) 2 Co. 5:19; la santificación (la bendición de saber que los cristianos han sido llamados a ser santos y sagrados) 1 Co. 1:2; la consolación de que Dios es verdaderamente nuestro Padre (Gá. 4:6-7), el don de la vida eterna (Ro. 6:23).  Hay muchas, muchas más bendiciones espirituales, pero estas son algunas con las cuales podemos sentir consuelo y de las que podemos obtener paz.

Versículo para memorizar: 

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.”
--Efesios 1:3





Palabras en Efesios 1:3:
Preguntas:

1.      ¿Por qué el cristiano no debe tener temor a la muerte?

2.      Una bendición espiritual significa que siempre seremos bendecidos con grandes cantidades de dinero.
Falso     o     Verdadero

3.      Un gran ejemplo bíblico de alguien que siempre mantuvo la esperanza en la vida eterna fue:
a)  Judas
b)  Félix
c)  Pablo

4.      ¿Es posible vivir la vida cristiana sin las bendiciones espirituales?

5.      Nombre otras tres bendiciones espirituales además de la esperanza.  (de la lección)



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¿Por qué no podemos vivir sin las bendiciones espirituales?

¿Cuál es el significado de Cristo para la iglesia?  Y para usted - ¿Cuál es el significado de Cristo?
Escrituras:  Mt. 16:18; Hch. 2:37-47; 1 Co. 12:12-27; Ef. 5:22-33; 2 Co. 11:2; 1 Co. 3:11.



Propósito: Mostrar que como Cristo tiene una relación muy especial y única con la iglesia, nosotros también debemos darnos cuenta de que la iglesia es un aspecto indispensable del plan de Dios para salvarnos.

Información para el maestro:

Para mostrar como Cristo forma los cimientos de la iglesia, tome una roca que sea plana (o un libro o caja o cualquier objeto que sea plano y rectangular) y escriba la palabra ‘Cristo’ sobre ella.  Esta constituye la piedra fundamental.  Sobre ella coloque 12 cubos o piedras, cada una con el nombre de cada uno de los 12 apóstoles.  También ponga unas cuantas piedras con los nombres de algunos de los profetas.  Sobre todas estas (los 12 apóstoles y los profetas) coloque rocas con nombres de algunas personas que ustedes conocen y que son cristianos.

Esto demuestra como todos somos parte de un solo cuerpo, con Cristo como el fundamento.  Los primeros en la iglesia fueron los apóstoles y profetas.  Luego vienen todos los otros cristianos que se han edificado sobre ellos y sobre cada uno de los otros.

Todos los cristianos que han existido han formado parte de este edificio que está formado como una unidad.  Esto es la iglesia.  Este es el templo en el cual Dios mora sobre la tierra hoy en día, y mora en él a través del Espíritu Santo (Ef. 2:19-21).

Hechos Bíblicos:

En la lección anterior aprendimos que el cuerpo de Cristo está formado de gente, y que todas estas gentes unidas forman la iglesia.

Cristo edificó la iglesia (Mt. 16:18).  Esta fue una de las razones por la cual vino a vivir sobre esta tierra.  Después de su muerte, Cristo continua viviendo sobre esta tierra en su iglesia.

Jesús es el fundamento de la iglesia (1 Co. 3:11).  ¿Cómo es esto posible?  El fundamento de la iglesia es el hecho de que Jesucristo es el Hijo de Dios.  Si él no fuese el Hijo de Dios, su iglesia no tendría ningún valor, pues estaría fundada sobre un hombre sin ningún poder.  Como Cristo es el Hijo de Dios, tiene la fuerza y el poder de Dios.  Cualquier gente puede establecer una religión, pero cuando el fundador muere, él permanece en su sepulcro.  Nadie sino Cristo tiene el poder de resucitar de entre los muertos o de perdonar nuestros pecados.

Cristo también es la cabeza de la iglesia (Ef. 1:21-22).  Como Jesús es el Hijo de Dios, tiene todo el poder y la autoridad en este mundo y el venidero.  Tiene autoridad sobre su iglesia.  Su palabra y su ejemplo gobiernan la iglesia.  Instruye a los miembros de su iglesia.  Se le debe obedecer.

Cristo compró la iglesia con su propia sangre (1 Co. 7:23; Hch. 20:28).  Cada uno de los hombres que existirán, también pecarán (excepto por Cristo).  Todo pecado debe recibir su castigo (Ro. 6:23).  Jesucristo recibió el castigo por todos los pecados del mundo cuando murió en la cruz.  El pagó el precio del pecado para que nosotros no tuviéramos que pagar por los nuestros sufriendo en el infierno.  Por eso es que a la vida eterna se le llama dádiva de Dios.  Cristo la compró y luego se la ofreció a todos aquellos que quisieran obedecerle.  Todos los que le obedecen forman parte de su cuerpo.  Cristo ama la iglesia porque es su desposada, y nosotros como iglesia debemos ser fieles a Cristo como la desposada es con su esposo (2 Co. 11:2).

La ama porque es su cuerpo (Col. 1:18).  Los miembros son la familia de Cristo sobre la tierra.  Cristo tiene amor especial por su familia, y cuida de ella.  La iglesia será presentada a Dios en el día último para vivir en los cielos por toda la eternidad.

¿Cómo puede uno ser miembro de su cuerpo?  Como Jesús derramó su sangre por la remisión de nuestros pecados, la sangre debe ser aplicada a los pecados para hacerlos desaparecer.  Así que debemos entrar dentro de la muerte de Cristo donde él derramó su sangre.  El bautizo es un acto de obediencia que nos pone en contacto con la muerte de Cristo.  La sangre toca nuestros pecados y son lavados.  Y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos, así nosotros somos levantados del agua del bautizo para vivir una vida nueva.  Esta sangre continúa purificándonos de nuestros pecados por todo el tiempo que continuemos obedeciendo a Cristo.  Recuerden, es Dios quién perdona nuestros pecados, por nuestra obediencia en el bautizo.  Bautizo es simplemente la obediencia al requisito para que él perdone nuestros pecados (Ro. 6:3-7; Hch. 7:37-47).  Cristo nos añade a su cuerpo después del bautizo (Hch. 2:47).

Al ser añadidos al cuerpo, somos hijos de Dios, porque Cristo se sacrificó por nosotros.  Dios es nuestro Padre.  ¡Imagínense ustedes!  Nuestro juez en el último día es nuestro propio Padre.  Cuán misericordioso será con sus criaturas.  Nuestro hermano mayor también estará ahí (Cristo) para interceder por nosotros con el Padre.  Cuando pecamos, Dios no nos puede ver, pues estamos cubiertos con el pecado, sino solamente a su Hijo, quién nunca pecó.  Vivimos ocultos en su Hijo (I Jn. 3:1-2).  “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” (1 Jn. 4:19)


Versículo para memorizar: 

“a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.”
--Efesios 5:27

Preguntas:

1.      ¿Quién es el fundamento de la iglesia?  ¿Por qué?  1 Co. 3:11


2.      Explique como la iglesia está construida sobre los apóstoles y los profetas así como sobre Cristo.



3.      ¿Quién tiene todo el poder y toda la autoridad sobre los cielos y la tierra y el mundo venidero?   Ef. 1:21-23


4.      El agua en el bautizo, ¿perdona los pecados?


5.      El cuerpo, la iglesia, y el reino son uno y la misma cosa.

Falso     o     Verdadero

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¿Cuál es el significado de Cristo para la iglesia?